El analista trabaja en su IDE de siempre. UNO no abre nada: solo deja dos insignias discretas en la barra de estado. Cero fricción.
K es autónomo: reconoce el caso, selecciona lo reutilizable y lo ofrece por su cuenta. El analista no va a consultar nada — la sugerencia aparece sola. Es la condición para que la gestión del conocimiento no vuelva a morir.
Cuando quieres, despliegas G o K en la base del IDE, como Terminal o Problems. El editor sigue arriba, operativo; la pestaña enseña lo justo: un control, dos reutilizables. Sin panel que abrume.
G interrumpe únicamente en controles duros — una revisión humana obligatoria, una doble firma. Todo lo demás se registra en silencio y queda como evidencia. Silencioso por defecto: así nadie lo silencia.
Al terminar el caso, K presenta un patrón ya redactado desde la traza del trabajo. El analista lo cura y publica en un clic — sin escribir de cero. El activo compartido crece y el siguiente caso empieza más arriba.
Lo que en el flujo es una insignia, fuera del flujo se agrega por nivel: tu trabajo, tu grupo, tu organización. El general lleva las cuatro métricas de falsación — es la pantalla que prueba la tesis ante el comité. Tres superficies, tres productos.